Evaluación en Programas de Educación a Distancia
El concepto de evaluación
está vinculado a la calidad y la misma pudiera tener un enfoque
industrial o de prestación de servicios. Estos sistemas de calidad que
se insertan dentro de las instituciones académicas, llámese en este
caso especifico Universidades de Educación Superior (IES), tienen
como objetivo, por una lado satisfacer la necesidad del cliente, es este
caso el alumno y por otro cumplir con las expectativas del usuario del
servicio siendo este o estas instituciones que requieren de un servicio
complejo, por lo tanto valorar las aéreas objeto de evaluación es un
tema denso.
El acceso al conocimiento y
a determinadas competencias (y no sólo el acceso a la escuela) es visto
como el elemento decisivo para participar activamente en los nuevos
procesos productivos, es por este motivo que tipo de conocimiento o de
competencia desarrolla la educación para a ser problema central, de ahí
que como educadores, el tema eje para todos los que estamos involucrados
en la educación sea la evaluación.
La evaluación, de acuerdo con
Alvídrez (2006), se ha convertido en los últimos tiempos en un tema
recurrente, tanto en el debate didáctico como en las preocupaciones de
las distintas jerarquías que integran la vida escolar, para muchos es un
tema de difícil solución y de difícil acuerdos, pero indudablemente nos
compromete diariamente en los desafíos similares de esta hermosa tarea
de educar.
Si la educación es una práctica social y la evaluación uno de sus
principales actos que se lleva a cabo en las instituciones educativas,
debemos abordarla desde distintos aspectos: ideológicos, sociales,
pedagógicos, psicológicos y técnicos, porque evaluar es valorar, es
decir, tiene connotaciones ideológicas ya que tiene que ver con
concepciones histórico – sociales que predominan en el contexto que sin
duda la condiciona; tiene connotación social porque se relaciona con la
promoción, con el fracaso escolar, con el éxito, con la deserción, donde
el proceso de enseñanza y aprendizaje de desarrollan en un clima en el
que la ambigüedad, el caos, el desorden, los conflictos, están presentes
y forman parte de las instituciones escolares, tiene connotación
pedagógica porque tiene peso en la conducta de los diferentes actores
sociales involucrados en el curriculum y, tiene connotación técnica,
porque es necesario repensar y recrear instrumentos idóneos y confiables
que enriquecen el proceso de enseñanza y de aprendizaje, lo cual
determina que el problema técnico dependerá y estará condicionado por
los otros aspectos.
Cuando la evaluación es
estudiada como instrumento de selección puede transformarse en una
práctica clasificatoria y etiquetadora, en la que tienen lugar las
investigaciones psicológicas que han demostrado lo importante que es
para el sujeto la imagen que los otros tienen de él.
Se puede definir a la evaluación como el proceso sistemático de
recolección y análisis de la información, destinado a describir la
realidad y emitir juicios de valor sobre su adecuación a un patrón o
criterio de referencia establecido como base para la toma de decisiones,
es decir, evaluar es participar en la construcción de un tipo de
conocimiento axiológico, interpretando la información, estableciendo
visiones no simplificadas de la realidad y facilitando la generación de
una verdadera cultura evaluativa.
Por otro lado, construir una cultura evaluativa implica incorporar a la
evaluación como una práctica cotidiana que realizan todos y afecta a la
institución en su conjunto, no para sancionar y controlar, sino para
mejorar y potenciar el desarrollo de sus miembros. De esta manera, la
evaluación ya no puede reducirse a una práctica que realizan unos (con
autoridad o poder) sobre otros, es un proceso reflexivo, sistemático y
riguroso de indagación sobre la realidad, que atiende al contexto,
considera globalmente las situaciones, atiende tanto a lo explícito como
lo implícito y se rige por principios de validez, participación y
ética.
Evaluar implica valorar y tomar decisiones que impactan directamente en
la vida de los otros. En este orden de ideas, es una práctica que
compromete una dimensión ética, no siempre tenida en cuenta y asumida
como tal. Se requiere de un proceso reflexivo que asuma una posición de
análisis crítico en torno a las acciones que se realizan conjuntamente
con las intenciones que se persiguen. En decir, se hace necesario
preguntarse ¿qué se busca?, ¿qué valores están involucrados?, ¿cómo se
realiza?, ¿qué efectos tiene?, ¿qué papel asumen los evaluadores?, entre
otros y siendo el conocimiento sobre evaluación una construcción
teórica, no es de extrañar que en su práctica convivan diferentes
modelos, sino que forma parte de un proceso más amplio que supone la
gestión y elaboración de un proyecto.
Es posible pensar en algunas etapas o fases que habría que considerar
en la implementación de acciones de evaluación institucional, en este
orden de ideas, se pueden identificar distintos momentos que se
distinguen entre sí por su especificidad:
- Planificación, que consiste en la definición de los aspectos o situaciones que van a ser evaluadas y que dependerá del momento en que se realice el diseño del programa, así como los objetivos que se persiguen; en esta etapa se explicitan los propósitos, se definen las situaciones, métodos, instrumentos y tecnologías que se pretende utilizar, el impacto de resultados. También se asignan los responsables y recursos con los cuenta la institución académica.
- Implementación, en esta etapa se incluye la recolección de información a partir de la que se emitirán las apreciaciones y juicios para valorar el uso, tiempos y forma de la tecnología y su impacto en la forma de análisis y descripción del conocimiento adquirido en el alumno. La información que se recolecte será la fuente a través de la cual se van a valorar las situaciones y se tomarán decisiones; si la información que se recoge no es válida y confiable, la evaluación carecerá de significatividad posterior.

